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MEDITACIÓN

Qué es meditar

Meditar es aquietar la mente racional, acallar los pensamientos para que nuestra conciencia pura se conecte con la mente interna, y de este modo lograr paz, serenidad, inspiración y creatividad.

Solemos ocupar la mente con pensamientos todo el día, sin darle el descanso que necesita. Eso nos produce un enorme gasto energético y dificultad para concentrarnos.

Desconectarla, aunque más no sea por un breve lapso, nos lleva a una especie de refrescamiento, de descanso muy especial que no se obtiene de ninguna otra forma.

Cómo meditar

Lo ideal sería dejar sencillamente la mente en blanco (la típica meditación del Budismo Zen), pero al principio suele resultarnos dificultoso, por lo tanto podemos utilizar un estímulo que nos ayude a aquietar a nuestros pensamientos y a concentrarnos (por ejemplo llevar la atención a nuestra respiración, repetir algún mantra, visualizarnos llenándonos de un color que nos agrade, o imaginar un paisaje).

Meditación con la atención en la respiración:

Es conveniente sentarse sobre una manta o almohada en el piso, con las piernas cruzadas y las rodillas cerca del suelo, dejando la espalda erguida, ya que por la columna vertebral corren los principales canales energéticos. Si esta posición resultara incómoda, nos sentaremos en una silla, tratando de no estar apoyados contra el respaldo o la pared.

Podemos dejar las manos sobre el regazo, izquierda abajo y derecha arriba, con palmas hacia arriba y los pulgares en contacto (Brahama Mudra), o bien sobre los muslos.

Los labios suavemente cerrados y la lengua relajada contra el paladar.

Hombros y brazos relajados.

Párpados suavemente cerrados con los ojos dirigidos como hacia la punta de la nariz.

Hacemos algunas inspiraciones profundas, exhalando lentamente. Luego dejamos que la respiración se haga en su propio ritmo, tranquila y natural, mientras nos dedicamos a observarla sin intentar dirigirla o modificarla. Cada vez que la atención se desvía hacia otros pensamientos, simplemente la volvemos a traer a la respiración.

Para salir de este estado, volvemos a respirar profundo varias veces, y lentamente vamos tomando contacto nuevamente con el mundo exterior.

Frecuencia:

Lo importante es la regularidad en la práctica. Podemos comenzar con 15 minutos diarios, e ir incrementando el tiempo de a poco. Conviene elegir algún momento en que no tengamos muchas ocupaciones pendientes, y siempre a la misma hora, para ir formándonos el hábito.

Sus beneficios:

Refuerza el sistema inmunológico, estabiliza la presión arterial, incrementa la vitalidad.

Mejora la atención y la concentración (ideal para los estudiantes), aumenta el ingenio creativo, la lucidez y la memoria. Desarrolla la intuición. Hace ir perdiendo los miedos. Otorga serenidad, seguridad y firmeza. No posee ningún tipo de contraindicaciones.

Nos ayuda a ser más eficientes en la vida práctica, a encontrar nuestros caminos, nuestras metas, con creatividad y libertad interior.