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LEYES Y PRINCIPIOS UNIVERSALES

El oriental, que es muy observador, ve que en el mundo externo, en el plano físico, todo cambia, mientras que hacia adentro todo tiende a conservarse. Entonces deja de dedicarse a lo que está afuera, que es cambiante, para estudiar lo que está adentro, que se conserva. Así por medio de un trabajo de introspección y meditación, ve que desde su interior afloran ideas y ocurrencias que interpreta como enseñanzas. Cuando las aplica, observa que esos mismos hechos se producen en la Naturaleza, de modo que mirando hacia adentro puede comprender leyes que rigen los fenómenos que están afuera. De esta manera se da cuenta de que el ser humano es un Microcosmos, y todo el Universo que lo rodea es un Macrocosmos, porque las mismas leyes rigen la mente interna del ser humano y también el plano físico. Los hechos cambian, pero las leyes que rigen esos hechos son siempre iguales.

Así descubre que en la naturaleza hay principios que mantienen el orden cósmico, que rigen el equilibrio del Universo. Son las leyes de la Naturaleza, del Universo. Podemos definirlas como las formas de proceder que nos encauzan armónicamente en un camino hacia una meta elevada. Nos imponen renunciar o perder algo de lo personal para bien del conjunto o de la comunidad

Al estar en sintonía con las leyes universales, el ser humano obtiene:

     Unión armónica con el conjunto en el que se halla (familia, amigos, sociedad, etc.) y consigo mismo (cuerpo, mente, emociones, espíritu). Esta integración armónica es sinónimo de salud y crecimiento. Transgredir las leyes ocasiona desunión, debilidad, que nos lleva hacia el deterioro.

    Progreso, evolución, ubicándose en un camino de crecimiento permanente. Si no progresa, es porque sin darse cuenta está transgrediendo alguna ley.

    Protección amorosa contra todo lo que es inarmónico a su alrededor. Quien está desarmonizado, transgrediendo leyes universales, suele ser vulnerable a influencias externas desfavorables. Mientras que el que vive en armonía con la ley, no suele ser afectado.

   Percepción del Orden Cósmico. Comprende el sentido profundo de los hechos del mundo físico, incluso de aquellos que antes le parecían injustos o incomprensibles.

    Guía y orientación para alcanzar sus objetivos.

La ley nos proporciona tres cosas fundamentales para nuestra realización:

    Fuerza, porque actuamos con decisión y con fe, aún en los momentos adversos.

    Eficiencia, porque con poco esfuerzo obtenemos mejores resultados.

   Serenidad, que nos permite tener paz y alegría interior para disfrutar de la vida en plenitud, convencidos de la presencia de nuestro Ser Interno.

Los principios y las leyes se pueden explicar con palabras hasta cierto límite. Estudiamos las leyes, luego las meditamos, y después tratamos de aplicarlas poniendo una imagen mental, energizándola y poniendo fe, porque sabemos que de esa manera irradiamos cierto tipo de ondas que facilita el cumplimiento de determinado hecho. Pero también tienen una especie de mecanismo interno, como una llave secreta que permite que estas leyes sean activadas, y este mecanismo casi no se puede explicar con palabras, cuando lo practicamos y ensayamos empieza a funcionar.

Es muy importante trabajar en la comprensión de las leyes internas, porque así vamos entendiendo los grandes principios de la naturaleza.

Hay una frase en los Upanishads (que es la parte metafísica de los Vedas) que dice:

“QUIEN PUEDE VER ESTO, NO VE LA MUERTE, NO LO DOMINA LA ENFERMEDAD NI EL SUFRIMIENTO.

QUIEN LO COMPRENDE, PERCIBE DESDE LA ESENCIA DE LAS NATURALEZAS MUNDANAS HASTA LA FORMACIÓN DE LOS UNIVERSOS.

QUIEN CAPTA LA REALIZACIÓN DE ESTE CONCEPTO, PERCIBE TODO LO QUE EXISTE, Y ALCANZA TODO POR DOQUIER, SIEMPRE CENTRADO EN UN NO HACER".

Chandogya Upanishad (VII, 26)

  LEY DEL DESAPEGO:

Vivir con desapego es vivir con libertad interior todo lo que sentimos que es positivo, disfrutando plenamente y tratando de crecer. Festejando aquello que nos sale bien, y utilizando como crecimiento lo que sale mal, sin engancharnos con angustia y depresión con las cosas que no nos salen como deseamos, viviendo plenamente el momento presente.

No es vivir la vida más superficialmente, sino todo lo contrario: al tener mayor libertad interior, hasta para equivocarnos sin reprocharnos, la profundizamos más. Es disfrutar de los caminos más que de las metas.

Si ponemos el entusiasmo y la seguridad en valores externos siempre quedamos esclavizados al servicio de esos valores, sintiendo que valemos sólo por nuestras posesiones, de esta manera no tenemos plenitud ni felicidad en nuestras vidas.

Cuando nos conectamos con nuestro Sabio Interno y sentimos su sabiduría infinita, valoramos nuestra fuerza real, disminuimos nuestro apego y dependemos menos de las cosas materiales, lo cual no significa no tenerlas sino todo lo contrario: cuanto menos dependemos de ellas, más las tenemos a nuestro servicio.

También solemos sentir apego hacia las personas, lo que nos hace confundir amor o afecto con posesividad. Aquí el desapego nos va a permitir vivir los afectos con más profundidad, sin querer ser dueños de la otra persona.

Algo fundamental es desprenderse de los frutos de la acción. Esto a veces se interpreta mal. No significa regalar lo que obtenemos trabajando, sino independizarse de la ansiedad por el éxito o el fracaso antes de hacer alguna cosa. Como la mente es un poco aprensiva, insegura e inestable, suele tener más presentimientos de fracaso que de éxito, así magnetizamos con ondas negativas aquello que queremos que salga bien, por eso a la gente insegura, miedosa e indecisa las cosas le suelen salir mal. En cambio al despreocupado, que en realidad es desapegado, le suele ir bien porque se juega por su verdad, está contento por la acción en sí y no por el resultado, que si es positivo lo disfruta y comparte con quien pueda, y si es adverso no se angustia ni tiene miedo, sabiendo que sigue valiendo exactamente igual, porque eso depende de sus virtudes internas y no del resultado de su acción.

Otra forma de apego es cuando nuestra felicidad está en sentirnos superiores a los demás o en despertar cierta admiración por lograr cosas que otros no pueden. Es muy importante superar este sentimiento y poder sentirnos felices al ver la alegría de otros con quienes compartimos nuestros logros.

El desapego nos lleva a una nueva concepción del mundo, a una nueva asignación de los valores y a una nueva distribución de los afectos. En la ley del desapego está el secreto que nos lleva a la felicidad. Si no se entiende la ley del desapego en un sentido amplio, no hay forma posible de felicidad, porque en la medida en que estamos apegados estamos esclavizados, dependientes, y jamás alguien esclavizado y dependiente de lo externo puede llegar a ser feliz.

  LEY DEL KARMA :

La palabra “karma” en sánscrito significa “acción”. En realidad significa una relación entre acciones: es la relación que existe entre la acción que es causa de algo y la acción que se produce como respuesta a esa causa. También le llamamos “Ley de Causa y Efecto”, o “Ley de las Compensaciones”.

Todo lo que ocurre es consecuencia de una causa: podemos tener una buena huerta o un buen jardín, pero eso es el resultado de cómo trabajemos la tierra y sembremos. Y lo que ocurre como causa y efecto en el plano físico tiene una repercusión otros planos más sutiles (astral, mental superior, búdico y átmico). Cuando actuamos, nuestras acciones generan una energía que está conectada a nosotros. Esta vibración cumple un ciclo y vuelve a nosotros retransformada, pero de la misma calidad o de la misma orientación que la que habíamos generado, por lo tanto el karma puede ser favorable o desfavorable.

Mal interpretado, se piensa que es un castigo, pero el karma jamás actúa como castigo. Nos señala alguna transgresión o desvío del camino determinado por el Principio Natural o la Ley Cósmica. Nos va llevando a hacer cosas más acertadas para obtener resultados más eficientes. 

Podemos compararlo con el ejemplo de un río cuya superficie se ve muy tranquila, pero algunos centímetros por debajo hay una fuerte correntada. Si no conocemos el río o no podemos ver más allá de su superficie, tal vez nos pongamos a nadar en contra de la corriente (que no se ve porque está un poco más abajo), en ese caso haremos mucho esfuerzo y tal vez nademos hacia atrás. Pero si conocemos cómo fluye ese río, o si podemos ver más allá de los ojos físicos, casi sin esfuerzo el río nos lleva y nos armonizamos con él.

Fluyendo continuamente hay ríos de energía que no los vemos y que responden a leyes. En la medida en que nos armonizamos con esas leyes, “nadando muy poco” y con poco esfuerzo llegamos adonde queremos, pero si nos desarmonizamos con las leyes, hacemos mucho esfuerzo y “nadamos hacia atrás”. O sea que nuestras acciones son eficientes en la medida en que actuamos en armonía con las leyes, y son inarmónicas cuando actuamos en desarmonía con ellas, de esta manera nos desequilibramos y nos sentimos mal.

Es una llamada de atención en forma oculta o simbólica, una enseñanza, un aviso que si lo desciframos sabremos qué tenemos que modificar en nuestras vidas y adentro nuestro para que la situación cambie y nos encuadremos más eficientemente en la vida. Nos da “un tirón de orejas” para hacernos ver que estamos fuera de la ley y que nos encuadremos armónicamente dentro de ella para tener una vida mejor. Cuanto más salimos de la ley, más fuerte nos tira de la oreja para que nos demos cuenta y cambiemos, no para que soportemos el dolor pasivamente. Si creemos que tenemos que soportar el sufrimiento pensando que es un castigo por algo malo que hicimos, estamos equivocando la interpretación de la Ley del Karma.

El Yoga nos dice que cuando algo es llamativamente reiterado debemos pensar que lo estamos provocando desde adentro, por eso lo correcto sería preguntarnos: “¿Qué me está queriendo decir el Karma que debo modificar para que esto pase y no se repita más?”.

  LEY DEL DHARMA: 

La palabra “Dharma” significa “el camino acertado”. Todos tenemos una Misión Cósmica que contribuye con un “granito de arena” con el Gran Plan Cósmico, ya que todo el Universo tiene un plan de evolución y perfeccionamiento. Esta Misión, que se hace en libertad, con creatividad, podemos llevarla adelante por muchos caminos distintos que vamos eligiendo. Nuestro Dharma coincide con la vocación y con lo que nos hace crecer, con aquello que nos gusta  y tenemos facilidad para hacer, es útil para mí y para quien está conmigo, es el deber que nos imponemos, es el sacrificio gozoso, porque sabemos que con ese esfuerzo vamos a cosechar frutos valiosos.

Quien está en una situación rutinaria, frustrado, sin aprender nada nuevo, está lejos de su camino. La Ley del Dharma nos lleva a lograr ese camino adecuado y armónico, de plenitud y autorrealización, con el que aprendemos y disfrutamos, que no solamente nos sirve a nosotros, sino también a los que nos rodean. Nos permite descubrir el sentido de nuestra existencia.

  LEY DE LAS ENCARNACIONES:

En este Universo todo es cíclico. Por ejemplo una planta envejece y muere, pero sus átomos van a la tierra, y allí crece otra semilla que vuelve a tomar esos átomos que pasan a formar parte de otra planta, de modo que el abono que puso en la tierra la planta al morir, son partículas que se reencarnan formando otra planta.

Así como ocurre en el plano físico también se da en planos trascendentes (como arriba es abajo). Las reencarnaciones permiten la continuidad de la evolución cósmica. Tomemos a las encarnaciones como los días y las noches: el período que llamamos muerte es una especie de noche, y la próxima encarnación es como el próximo día. Si hoy no pude terminar un trabajo, me voy a dormir y mañana lo sigo; es como si hiciera una encarnación en el día siguiente. Lo mismo parecería que ocurre en las vidas, pero al igual que sucede en los niños muy pequeños, que al día siguiente no recuerdan lo que hicieron el día anterior, tampoco nosotros recordamos los hechos de las vidas anteriores. Eso se debe a que somos todavía muy niños en la evolución cósmica. Aquellos que están más evolucionados pueden recordar algo porque tienen acceso al cuerpo causal, que es el lugar en que se guarda la sabiduría de las encarnaciones pasadas.

Pero aunque seamos como niños, lo que hicimos el día anterior influye en cómo nos irá al día siguiente. Y como la sucesión de vidas tiene continuidad dentro de la Misión Cósmica y dentro del Plan Cósmico, lo que vayamos haciendo durante las sucesivas vidas nos va dando una situación más favorable en las vidas subsiguientes. Cuanto más productivo, interesante y profundo sea el camino que hayamos hecho en esta vida, aunque no lo terminemos de recorrer porque algún día llegará la transición física y seguirán habiendo cosas por hacer, mejor preparados estaremos en la próxima encarnación, porque nos ubicaremos en un lugar acorde para seguir cumpliendo esa tarea que quedó inconclusa en la encarnación anterior. De manera que todo lo que hagamos de positivo ahora, es beneficioso para mañana y para el futuro. Además todos nuestros aciertos a lo largo de la vida van a ser beneficiosos para nuestra próxima encarnación. Pero no debemos hacerlo con ese fin, no nos tenemos que preocupar tanto por la próxima encarnación cuando nuestra realidad es el aquí y ahora, y debemos vivir y hacer cosas positivas en ésta, sin desperdiciar el tiempo ni las oportunidades que se nos presentan. Lo importante es no preocuparnos tanto por los frutos de la acción; sí debemos tratar de que esa acción nos haga sentir bien y crecer.

   LEY DE LA EVOLUCIÓN:

El Karma nos da enseñanzas para obtener, en la medida en que sepamos interpretarlas, sabiduría y eficiencia que nos permiten encuadrarnos dentro de la ley. De esta manera comenzamos a transitar un camino cada vez más armónico y pleno, encauzándonos en nuestro Dharma.

A medida que nos acercamos al Dharma, estamos más en armonía con la ley, producimos menos transgresiones, por lo tanto generamos menos Karma negativo, menos sufrimiento. De manera que Karma y Dharma se van complementando.

A su vez, una mejor acción, un mejor Karma, nos lleva a estar mejor en la encarnación. Un buen Dharma, estar en un camino de crecimiento, también nos permite estar mejor en la encarnación, lo que nos llevará a que en la próxima vida manejemos mejor la ley de causa y efecto. Todo esto se produce porque logramos un cuarto punto, que es el desapego, que nos permite estar más libres, contentos y despreocupados, para encontrar mejor nuestro Dharma. 

Así estas cuatro leyes se relacionan y se complementan, configurando la Ley Superior de la Evolución, en la cual estamos insertos los seres humanos.

  LEY DE SISTEMA Y ORDEN:

Es la manifestación de la inteligencia de Lo Superior en todas las cosas. Por ejemplo: si veo una piedra rugosa, filosa, podría preguntarme dónde está allí el sistema y orden, pero si alguien la ve con un microscopio, se da cuenta de que las moléculas están distribuidas formando cristales y figuras geométricas perfectas, y dentro de esas moléculas hay átomos vibrando con gran armonía. Así nos damos cuenta de que adentro de esa piedra, que parece desordenada, hay todo un sistema y un ordenamiento asombroso.

De la misma manera, muchas veces creemos que la naturaleza funciona mal, que "Dios se equivocó", pero no nos damos cuenta de que nuestra visión parcializada en el tiempo y en el espacio hace que no comprendamos al Plan Cósmico.

Todo aquello que sigue un camino determinado hacia una meta superior, decimos que va hacia el orden. Todo aquello que se va dispersando sin ir hacia un lugar concreto, es desorden. El resultado del orden es la evolución, y lo que mantiene la evolución es la constancia de la ley, por eso decimos que la Ley de Sistema (conjunto de leyes) y Orden (evolución hacia una meta) hace que la evolución cósmica vaya siempre en aumento y no decrezca.

Esta Ley Cósmica nos dice que todo responde a un ordenamiento lógico, y que si queremos avanzar en ese camino, debemos conocer las particularidades y las claves de ese ordenamiento.