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PARÁBOLAS y AFORISMOS

En Oriente los maestros utilizan tres sistemas de enseñanza para transmitir aquellos conocimientos que trascienden la lógica, lo explicable con palabras: parábolas, alegorías y aforismos.

Estas formas de enseñar permiten que cada discípulo entienda hasta donde está capacitado para entender.

Parábola: es un cuento muy sencillo que nos ayuda a incursionar en la mente interna, buscando en nuestro interior algo que se parezca a lo que dice ese cuento tan simple. De allí, cada uno extrae una enseñanza que está de acuerdo a su nivel de comprensión.

Alegoría: también es una enseñanza simbólica, pero suele ser un cuento más estructurado que suele comenzar con "Había una vez . . . ", como los cuentos de niños. Esto quiere decir que el cuento ocurrió en cualquier lugar y momento. De esa manera nos saca del tiempo y del espacio. Al tratar de interpretarlo, por paralelismo llegamos a una enseñanza cósmica.

Aforismo (en sánscrito Sutra): es una frase que, con el menor número de palabras posible, trata de transmitir un concepto profundo con precisión. Como suele estar muy reservado, para obtener la enseñanza hay que reflexionarlo o meditarlo. Tiene una gran riqueza metafórica. La palabra "sutra" significa "hilo conductor", porque aunque aparentemente están desconectados unos de otros, siempre hay una condición oculta, alguna articulación especial entre esos dos sutras aparentemente independientes. Encontrar ese "hilo conductor" es descubrir el gran mensaje que se esconde detrás de ellos.

 



Las palabras sinceras no son agradables,
 las palabras agradables no son sinceras.

Las buenas personas no son discutidoras, 
las discutidoras no son buenas.

Las personas sabias no son eruditas, 
las eruditas no son sabias.

El Sabio no toma nada para acaparar, 
cuanto más vive para los demás, más plena es su vida.

Cuanto más da, más nada en la abundancia.

La Ley del Cielo es beneficiar, no perjudicar.

La Ley del Sabio es cumplir su deber, no luchar contra nadie.

“TAO TE KING”, Lao Tse  

 

 EL SONIDO DEL BOSQUE

Cerca del final del tercer siglo antes de Cristo, el rey Ts’ao envió a su hijo, el príncipe T’ai, al templo a estudiar con el gran maestro Pan Ku, porque el príncipe T’ai sería el que sucedería a su padre como rey.

Pan Ku sería quien le enseñaría las bases para ser un buen gobernante.

Cuando el príncipe llegó al templo, el maestro lo envió solo al bosque Ming-Li. Después de un año el príncipe tenía que regresar al templo para describir los sonidos del bosque.

Cuando el príncipe T’ai regresó, Pan Ku pidió al niño que describiera todo lo que  había podido escuchar.

"Maestro", replicó el príncipe, "yo he podido escuchar el canto de los búhos, el susurro de las hojas, el vuelo de los insectos, el canto de los grillos, el toque del pasto, el zumbido de las abejas y el murmullo del viento".

Al concluir el príncipe su relato, el maestro le pidió que regresara al bosque a escuchar más allá de lo que ya había escuchado. El príncipe estaba desconcertado por lo que le pidió el maestro. ¿No habría escuchado cada sonido realmente?

Día y noche, el joven príncipe permaneció sentado solo en el bosque, escuchando. Pero no percibió otros sonidos que los que antes había oído. Entonces, una mañana, cuando el príncipe estaba sentado en silencio bajo los árboles, empezó a discernir ligeros sonidos diferentes de aquellos ya escuchados. Agudizó su oído y los sonidos comenzaron a ser más claros. En ese momento tuvo una sensación de lucidez que lo envolvía.

"Estos deben ser los sonidos que el maestro quería que yo escuchara", reflexionó.

Cuando el príncipe T’ai regresó al templo, el maestro le preguntó qué más había escuchado.
"Maestro", respondió el príncipe reverentemente, "cuando yo escuché más de cerca, escuché lo no escuchado: el sonido de las flores cuando abren, el sonido del sol calentando la tierra y el sonido del pasto cuando prueba el rocío de la mañana".

El maestro aprobó con la cabeza:
"Escuchar lo no escuchado", remarcó Pan Ku, "es una disciplina necesaria para ser un buen gobernante. Sólo cuando un gobernante ha aprendido a escuchar con atención el corazón de las personas, a escuchar sus sentimientos no comunicados, el dolor no expresado, y demandas no habladas, puede él esperar inspirar confianza en su gente, entender cuando algo está mal, y encontrar las verdaderas necesidades de sus ciudadanos.
La caída de los gobiernos sobreviene cuando los líderes sólo escuchan palabras superficiales y no penetran profundamente en el alma de las personas para escuchar sus verdaderas opiniones, sentimientos y deseos".

 

Parábolas de Liderazgo
W. Chan Kim y Renée A. Mauborgne.
Harvard Business Review, Julio-agosto 1992